La embolia de la dolarización en la economía real
El Gobierno está empecinado en que, de la mano de la puesta en circulación de dólares atesorados por los ciudadanos, dentro y fuera del país, se va a reactivar el consumo y la inversión. Sin embargo, propulsar la economía a partir de dólares inciertos podría complejizar aún más la situación macroeconómica y la salud del sistema bancario. Un dólar sin piso y una inflación sin techo.
Por Marco Esdrás
Como medida complementaria a la Ley de Inocencia Fiscal, el BCRA se apresta a otorgar préstamos en dólares a personas humanas y empresas. Ya no se exigirá que el tomador del préstamo tenga ingresos en dólares como hace para las prefinanciaciones y financiaciones de exportaciones.
La política cambiaria-monetaria propende una estimulación virtuosa de remonetizacion en dólares como efecto catalizador de la economía. El contrapunto consiste en que el punto de inicio es inflar la oferta monetaria en dólares, siendo que los dólares de "alta potencia" probablemente no acompañen este proceso que pretende ser dinamizador. El principal obstáculo es que el multiplicador del dinero en dólares no podría ser eficaz en la transmisión monetaria pretendida para empujar hacia arriba a la economía real.
El Gobierno refiere que hay un PBI en dólares fuera del sistema financiero, haciendo el distingo que USD 200.000 estarían dentro del país y que habría unos USD 400.000 en cuentas off shore en paraísos fiscales tales como Isla de Man, Grand Cayman, Delaware, Belize y Panama (donde se sabe que las acaudaladas clases altas argentinas eligen destinar sus riquezas). Sin embargo, estos últimos fondos se hallan estructurados en Trust o Fideicomisos y vehículos financieros cuyas clausulas y propósitos constitutivos hacen altamente improbable que las divisas retornen a la Argentina.
Entonces, la decisión salomónica pasaría por fomentar a que residente vuelvan a endeudarse en dólares tal como acontecía en la Convertibilidad. De hecho, en estos días, el Gobierno hace jactancia del récord de depósitos en dólares. Esos recursos que técnicamente para los bancos se los denomina Fondeo COM "A" 3528, tienen una fracción que se encajan en cuentas corrientes en el BCRA y el resto la idea del Poder Ejecutivo es disponibilizarlos en préstamos.
Dicho lo anterior, con un riesgo cambiario del 40 %, la chance de una implosión de esta dolarización de facto tendría estridencias con efectos negativos. Una remonetizacion que luce exagerada en comparación con el crecimiento del PBI y el nivel de actividad. Pasar ser más finos, el escenario existente es: tipo de cambio desalineado, tasas altas (en pesos y en dólares) y una inflación dopada con "benzodiazepinas" como lo es una canasta de consumo básica dislocada.
El hecho de que los bancos comerciales ofrezcan tasas por imposiciones a plazo fijo en dólares del orden del 5 % esconde una realidad con pronóstico reservado.
Esto es Mayor volatilidad e incertidumbre: Las altas tasas de interés en moneda extranjera pueden generar fluctuaciones cambiarias impredecibles, lo que complica la planificación financiera de empresas y particulares.
Por su lado se corre el riesgo de incumplimiento del prestatario: Para las instituciones financieras, esto puede aumentar el riesgo sistémico si los prestatarios tienen deuda en moneda extranjera sin cobertura, ya que la depreciación encarece el servicio de la deuda.
Los problemas que se vislumbran es que la estimulación dolarizadora es un espermento con el afán de estirar una estabilidad cambiaria que no guarda correlato con ganancias de productividad en el tejido productivo. Y el apalancamiento ya sea en dólares genuinos y "artificiales" tiene una alta probabilidad de destrucción del sistema financiero desde su mensura en múltiples riesgos: mercado, tasa de interés, tipo de cambio y liquidez.
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