Santiago Caputo aprovechó la fuga de Bolsonaro para afianzar su vínculo con EE.UU. y despegarse de Leonardo Scatturice
La huida de Bolsonaro le cayó a Santiago Caputo como anillo al dedo. Todo ocurrió en dos días, con fondos reservados de la SIDE (ya ni siquiera se molestan en disimularlo), contratando la misma aerolínea que llevó a Milei en noviembre del 2023 a visitar la tumba del Rebe de Lubavitch (https://www.minutodecierre.com/nota/2024-6-24-10-26-0-la-emblematica-causa-del-juez-lijo-con-los-aviones-sobrefacturados-que-arranco-con-el-lujoso-jet-que-luego-llevo-a-milei-hacia-los-estados-unidos), y mostrándose por todo Iguazú; para que luego Flavio Bolsonaro sea recibido en los Estados Unidos con una visa directamente otorgada por el presidente Donald Trump.
En un flash de movimientos, Santiago Caputo logró afianzar su vínculo directo en el secretario de Estado, Marco Rubio, y también con el canciller Peter Lamelas, a quien llegó a copiarle el bigotito. Master Class del asesor estrella para despegarse de su ex compinche Leonardo Scatturice, a quien ya le había quitado el manejo de sectores clave de la Aduana. Otro capítulo con sobreactuación: recorrió todo el Aeropuerto Internacional de Ezeiza con el nuevo director de Courier, Carlos Mechetti. “Acá mando yo”, fue el mensaje de joven del tridente del poder.
El distanciamiento no es nuevo, viene macerándose hace por lo menos dos meses. Caputo no veía los resultados de la Aduana de Ezeiza, que es el santo grial de la recaudación informal. Además, en su último ingreso a los Estados Unidos, Scatturice debió esperar unos días antes que lo dejen entrar, transitando la espera en México. Un hecho que llegó a los oídos de Santiago Caputo, que ya estaba cansado de tener un intermediario en la relación con Donald Trump y su gente.
Flybondi: el viejo chiste de Ernesto Gutiérrez
La estrategia de Scatturice estaba bien pensada: facturar con el Estado, aceitar vínculos con el gobierno de turno, para luego -y a partir de ello- construir un grupo económico poderoso e integrado en un sector siempre rentable, la importación de tecnología. La primera parte la cumplió al pie de la letra: a través de su empresa OCP Tech, firmó un contrato de aproximadamente u$s 80 millones con Educ.ar, para licencias de software y construcción de redes de fibra óptica. Se firmó en octubre del 2024, la Sindicatura General de la Nación (SIGEN) advirtió irregularidades, y el tema cobró relevancia pública.
De esta forma, Scatturice comprobó que u$s 80 millones pueden ser una solución pero también un problema. Por un lado, se acusaron sobreprecios del 10% al 40%, aunque las fuentes más osadas -a veces también las mejor informadas- dicen que vendió por 80 millones de dólares lo que en realidad vale 20 millones, y que eso generó ciertas tensiones con Cisco. De todas maneras, entre sus contactos judiciales y mediáticos, se trata de un tema que Scatturice puede solucionar rápidamente.
El problema de fondo es cuando tanta generosidad estatal, que hasta podría haber derivado en la compra de aviones privados con fondos de la SIDE, le impidió decir que no a algo que no quería: hacerse cargo de Flybondi. El desenlace -además, todavía inconcluso- de esta historia es conocido: aerolínea que ya no vuela, en concurso preventivo y camino a la quiebra, los pilotos de Flybondi manejando Uber para sobrevivir.
“Yo tengo la fórmula para volverse millonario”, solía chicanear Ernesto Gutiérrez, cuando era CEO de Aeropuertos Argentina 2000, a sus amigos. La reacción era siempre la misma: preguntar por esa pócima mágica. “Es muy fácil. Sos multimillonario, te comprás una aerolínea y bajás a millonario por todo lo que perdés”, remataba en mordaz Gutiérrez con una sonrisa. Algo similar parece haberle ocurrido a Scatturice. Flybondi emitió y cobró 27.000 pasajes que nunca va a transformar en vuelos.
“De todas formas, en la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) tienen orden de no hacerle nada”, cuenta una fuente que conoce toda la historia. Una muestra que la relación Caputo-Scatturice no es la que era, pero que tampoco está totalmente rota. Un test clave para ello será el contrato de fibra óptica de los ferrocarriles, un área donde -hasta ahora- maneja más Scatturice que Caputo.
Por otra parte, la apuesta de Scatturice por construir un ecosistema propio de comercio exterior es conceptualmente correcta: tiene vínculos con los importadores de Estados Unidos, una empresa de logística importante (OCA), y tenía la aerolínea. El factor clave, sin embargo, es tener alineados a algunos sectores de la Aduana, que hasta respondían al talentoso empresario y están en manos del niño prodigio del Esquema Milei. Continuará …
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