El Clan Lodovico se refugió en el Consejo de la Magistratura y en una dirección clave de la Aduana, mientras la actual gestión terminó borrándolas de Ezeiza
Como desarrolló Minuto de Cierre en diferentes notas, supieron ser el clan familiar con mayor poder dentro de la Aduana, junto a sus esposos Luis Edgardo Bocassi y Alejandro “El Negro” Lucano. Tras el escándalo del préstamo de u$s 250.000 por parte de una empresa contrabandista, Rosana Lodovico renunció como directora de Aduana y se “refugió” con el viceministro de Justicia, Santiago Viola, que la ubicó en un lugar clave. En tanto que su hermana, Alejandra, seguía manejando parte del courier de Ezeiza, de dónde la sacaron por primera vez en décadas y fue cobijada por Andrea Muñoz en Valoración y Comprobación Documental.
“La Aduana es una rueda, hoy te toca estar arriba y mañana abajo. La clave es hacer pocos enemigos -los menos posibles- o ninguno en tu ciclo alto, para no gastar en abogados durante la malaria”, resume un aduanero con décadas en el organismo, próximo a un retiro que imagino tranquilo. Es decir, sin causas judiciales pendientes. Las hermanas Lodovico, no obstante, estuvieron arriba durante muchos años, tanto Rosana, la primera directora general de Aduanas de este gobierno; como Alejandra, que llevaba décadas en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, de donde nunca la habían sacado. Hasta que llegó la gestión políticamente referenciada con Santiago Caputo, hace alrededor de un mes.
Como explicó Minuto de Cierre en una nota que ya es histórica (https://www.minutodecierre.com/nota/2021-8-12-15-29-0-courier-de-ezeiza-y-correo-de-retiro-las-vias-rapidas-de-comercio-exterior-que-estan-en-manos-de-una-familia-aduanera), las hermanas Lodovico tenían todo atenazado en los lugares clave para la facturación -formal e informal- del comercio exterior. Alejandra siempre ocupó cargos clave en Ezeiza, con gran injerencia sobre el área de Courier; su esposo Alejandro Lucano era verificador allí mismo, además de tener una sociedad -Frekual S.R.L.- con Alfredo “Freddy” Lijo, hermano del juez Ariel; Rosana ocupó distintas subdirecciones y direcciones clave de la Aduana, hasta llegar al cargo máximo; y su entonces esposo, ya jubilado, Luis Edgardo “Tato” Bocassi, era el director de Encomienda Postal Internacional.
Entre el manejo de Courier de Ezeiza y EPI, los contactos en la Justicia, y la propia ambición de todos ellos, celulares de alta gama, computadoras, minadoras de bitcoin, relojes que valen miles de dólares, indumentaria y calzado de alto valor, consolas de videojuegos, entre tantas otras cosas; todo pasaba por el Clan Lodovico-Lucano-Bocassi. Casi un holding empresarial de origen familiar.
Sin embargo, el “descubrimiento” de un préstamo de 250.000 dólares que Rosana Lodovico -junto a su esposo Bocassi- tomó con la empresa Promarlon, que ella misma debió haber investigado por contrabando; fue el principio del fin para su cargo como directora general de Aduanas, y quizás también el primer hito para el desarme del clan. Su esposo (ahora sería el ex) se jubiló, dicen que disfrutan una granja minadora de bitcoins, e inclusive un ex director de Aduana le hizo el favor de devolver a destino las cajas de origen sospecho que había recibido EPI. “El Negro” Lucano hace años transita el bajo perfil, más allá de mantener su amistad con “Freddy” Lijo; en tanto que su esposa, Alejandra Lodovico, siguió en Ezeiza hasta que el desembarco de Santiago Caputo dijo basta.
Refugiadas, ¿y agazapadas?
Tras su salida de la dirección general, en mayo del 2024, la contadora Rosana Ángela Lodovico fue desplazada hacia el Aeroparque Metropolitano. Allí, como si nada hubiera pasado, llegó, intentó farmear aura y armó una oficina para ella; pero las autoridades se la desarmaron en un día. Estuvo algunos años de perfil bajo, hasta que en abril de este año le llegó una gran oportunidad: Santiago Viola, viceministro de Justicia, la pidió “en comisión” (pase de un organismo del Estado a otro) para el Consejo de la Magistratura.
En la actualidad, como certifica la Resolución 900/2026 de ese organismo, Lodovico es nada menos que subdirectora general, es decir, la número 2. Además, como consta en ese mismo documento (publicado en esta nota, más abajo), por pedido expreso del viceministro de Justicia, Santiago Viola, en tanto consejero de la Magistratura. “La caja de la Justicia estará en manos de Lodovico y Viola” sintetizó Carlos Pagni en una editorial de La Nación.
Desde el punto de vista profesional, su título de grado -contadora pública nacional- y la experiencia en la Aduana posicionan a Lodovico para el cargo que ocupa. Sin embargo, haber aceptado un préstamo de u$s 250.000, y además declararlo, por parte de una empresa de contrabando, demuestra por lo menos falta de sentido común, sensación de impunidad o sincericidio.
Todo ello, en un país donde jueces y fiscales fallan según amistades, conveniencias económicas o cargos para sus familiares; o un jefe de Gabinete -Manuel Adorni- compra un departamento declarando la mitad de su valor, con supuestos préstamos de jubiladas. El protector de Lodovico, el viceministro Viola, entre su variado currículum, fue abogado de Lázaro Báez, representó a empresas de fotomultas -dicen que inclusive pasando de una a otra, su rival- y encontró su lugar en el mundo como apoderado de La Libertad Avanza (LLA) y allegado a Karina Milei.
La Lodovico menos famosa, Alejandra, estuvo a punto de sobrevivir en Ezeiza. “Nos pidieron por ella, pero era una quinta columna o un Caballo de Troya tenerla acá”, admite uno de los nuevos mandamases de Ezeiza. La esposa de Lucano encontró cobijo institucional y personal en la Dirección de Valoración y Comprobación Documental, que dirige con mano de hierro Andrea Muñoz.
Esta abogada, de gran experiencia en el organismo y que dice “soñar con una jubilación tranquila”, también apeló a sus contactos para seguir en el cargo, pero con éxito. “Ya teníamos el reemplazo, pero nos pidieron por ella”, admite un hombre clave de la nueva gestión. Muñoz tiene mucho juego propio, tanto en la Aduana como fuera de ella, especialmente en la Justicia. La foto que ilustra esta nota es de Muñoz y la Lodovico de más alto perfil. Dos mujeres que llegaron hasta donde quisieron en la Aduana, y que sobreviven a la era actual. Con una ventaja: si tienen paciencia, la rueda puede volver a ubicarlas arriba. Tanto a ellas como a sus amigos de la Justicia y el mundo del comercio exterior, que también están agazapados esperan que la Era Caputo se termine.
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