El Banco Central advierte sobre posibles "riesgos" del proceso de desinflación
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) reconoció que el proceso de desinflación en curso enfrenta, durante el primer trimestre del año, una serie de “riesgos de carácter estacionales y transitorios”, además de un escenario de mayor incertidumbre vinculado a cambios metodológicos en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) que comenzará a implementar el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
La advertencia forma parte del primer Informe Trimestral de Política Monetaria publicado por la actual gestión, un documento con el que la entidad busca transparentar ante la sociedad su diagnóstico “sobre la coyuntura económica nacional e internacional, evaluar la dinámica inflacionaria y sus perspectivas”.
En ese marco, el organismo monetario enumera distintos factores que podrían incidir temporalmente sobre la evolución de los precios, aunque aclara que no comprometen la trayectoria descendente de la inflación en el mediano plazo.
Los factores que generan incertidumbre en el corto plazo
Entre los principales riesgos identificados, el BCRA destaca “la estacionalidad del agrupado Carnes y derivados en el período noviembre-marzo que puede afectar la categoría Núcleo del IPC”. Se trata de un componente sensible del índice, con incidencia directa en la medición de la inflación subyacente.
En línea con su postura histórica, la entidad aclara que no realiza proyecciones puntuales de inflación y recuerda que no trabaja con “metas de inflación”. No obstante, en segundo término menciona “la corrección prevista en las tarifas residenciales de electricidad y gas por la readecuación del esquema de subsidios, con impacto en la categoría Regulados”.
A estos elementos se suma el efecto que tendrá la actualización de los ponderadores de la canasta de consumo del IPC anunciada por el Indec. A partir del nuevo índice de enero —que se conocerá el 10 de febrero— algunos rubros ganarán mayor peso relativo, en particular los servicios. Según se detalla, Vivienda y tarifas pasarán a representar el 14,5% del índice y Transporte el 14,3%, mientras que se reducirá la ponderación de la categoría Alimentos y Bebidas.
Este cambio responde a los datos censales relevados por el organismo estadístico en 2017/18, con el objetivo de reflejar patrones de consumo más actuales. De acuerdo con estimaciones de analistas privados, la aplicación de esta nueva metodología habría implicado que la inflación de 2025 se ubicara entre 2,5 y 3 puntos porcentuales por encima del 31,5% informado oficialmente bajo la canasta anterior.
Perspectivas del BCRA y expectativas hacia adelante
Pese a este contexto de transición, el Banco Central sostiene que la etapa de mayor incertidumbre no pone en riesgo el proceso de desinflación en el horizonte próximo. En el informe, la autoridad monetaria reitera que, una vez disipadas las presiones transitorias y asimilados los cambios metodológicos del IPC, espera que “la inflación profundice su tendencia a la baja”.
Esta visión se apoya, principalmente, en la continuidad de un “sesgo contractivo de la política monetaria”, junto con una “mayor estabilidad cambiaria esperada” y una progresiva “reducción en la inercia inflacionaria”. Este último punto se refleja, entre otros factores, en la dinámica de los acuerdos salariales. En conjunto, el BCRA considera que estas condiciones permitirían una desaceleración sostenida de la nominalidad de la economía a partir del segundo trimestre del año.
Como respaldo empírico, el informe señala que los indicadores de inflación de alta frecuencia que monitorea la entidad, especialmente aquellos “ligados al rubro de alimentos”, “ya muestran durante las primeras semanas de enero una moderación de las presiones sobre precios en productos que no están sujetos a factores estacionales”.
En paralelo, la conducción del Banco Central, encabezada por Santiago Bausili, mantiene una visión optimista respecto de la evolución de las reservas internacionales. Según detalla el documento, ese fortalecimiento estaría impulsado por un aumento en la demanda de pesos y por “la mejora esperada de las condiciones de financiamiento externo”, en un contexto de “una cosecha fina récord y ante las buenas perspectivas para la cosecha gruesa”.
El informe también menciona el aporte potencial de los envíos de hidrocarburos y minerales, a medida que avancen los proyectos en marcha y se sumen nuevas iniciativas bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). En cuanto al comercio exterior, se anticipa que las importaciones de bienes acompañarán la expansión de la actividad económica, con elasticidades que tenderán a normalizarse hacia parámetros históricos.
En ese escenario, el Banco Central recuerda que, según el Relevamiento de Expectativas de Mercado, los analistas proyectan para este año un superávit comercial de US$10.498 millones, con un crecimiento del 5,1% en las exportaciones y del 5,7% en las importaciones.
No obstante, la entidad advierte que el incremento de las reservas —que estima con un piso de US$10.000 millones para el año— estará condicionado, en última instancia, por “las posibilidades de acceso del Tesoro a los mercados internacionales para refinanciar la deuda externa” que vaya venciendo.
Finalmente, el informe incorpora estimaciones monetarias. En particular, señala que los medios de pago privados transaccionales (M2 privado) podrían registrar durante 2026 “una remonetización cercana a 0,6% del Producto Bruto Interno”, mientras que, “como parte de la moderación antes mencionada, esa expansión durante el primer trimestre sería de sólo el 0,1% del PBI”.
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