14 de Marzo de 2026 - 17:12

Hacia una Revolución Post-industrial pero sin dinero

Fomentando el crédito y manteniendo el equilibrio fiscal el Gobierno proyecta un crecimiento real de PBI del 7 % al menos para el resto de su mandato. Esto sería generando ganancias de productividad y neutralizando al "overhang" monetario. Lograr un aumento de los depósitos (M2), pero sin alterar la base monetaria y convergiendo a una inflación cero. Neokantismo aplicado a la escuela austriaca que refuerza la metodología deductiva de Mises y Hayek.

Por Marco Esdras

Mientras Manchester, Birmingham y Leeds eran el escenario de la Revolución Industrial, la City de Londres permanecía observadora de un fenómeno sin precedentes. Durante gran parte de aquel período, hubo una carencia crónica de monedas físicas (especie) debido a la escasez de metales preciosos (patrón oro). Debido a que la oferta monetaria no siguió el ritmo de la expansión económica, la economía dependía en gran medida del crédito y los pagarés privados para funcionar. Según algunas estimaciones, las monedas físicas (circulante monetario) representaron menos del 10 % de todos los intercambios económicos durante esta época.

En la Argentina de 2026, el Poder Ejecutivo encarna otra revolución, pero postindustrial direccionada y traccionada bajo el manto de un tejido de amianto norteamericano y tutelado por Donald Trump. En este contexto, el objetivo es lograr un crecimiento sin emitir dinero. El crecimiento económico puede ocurrir sin aumentar el stock monetario total si la velocidad del dinero (la velocidad a la que este cambia de manos) aumenta. Una cantidad significativa de capital puede fluir del stock monetario líquido (como los ahorros o los fondos del mercado monetario) hacia activos de riesgo menos líquidos, como las acciones, para impulsar la expansión, lo que podría agotar la liquidez inmediata del efectivo. El aumento de la productividad puede tener un efecto deflacionario natural, donde el valor del dinero en circulación aumenta incluso si la oferta total no crece. A ese objetivo pareciera apuntar la brújula el gobierno de Javier Milei. 

Como aconteciera en la Inglaterra de finales del siglo XIX, el hecho de que la economía creciera más rápido que la oferta monetaria sugiere que se registró un aumento en la "velocidad" del dinero (la frecuencia con la que se gasta una libra) y una expansión masiva de la banca privada y los instrumentos de crédito para cubrir la brecha.

 Para mantener neutra a la base monetaria, el BCRA está tomando Repos (pases pasivos) en el mercado A3. Entonces, cuando compra dólares el efecto monetario resulta nulo. De ahí que en Argentina de hoy día la mirada esta puesta en la evolución del agregado monetario M2 (circulación monetaria más deposito vista y cajas de ahorro) dejando fija la base monetaria. 

En la Inglaterra de la Revolución Industrial, si bien la producción industrial creció aproximadamente entre un 1,5 % y un 1,6 % anual hasta la década de 1820, la escasez de moneda siguió siendo un factor limitante que solo se abordó por completo con la posterior expansión del papel del Banco de Inglaterra (banco central que nació siendo privada) y las reformas bancarias modernas.

En Argentina, las tendencias actuales muestran una disociación entre el crecimiento de la oferta monetaria M2 y el crecimiento del PIB real, a medida que el gobierno busca agresivamente la desinflación mediante medidas fiscales y monetarias restrictivas.

En el periodo 2024-2026, el crecimiento del M2 se ha desacelerado drásticamente desde niveles extremos. El crecimiento interanual de la M2 fue del 36,9 % en diciembre de 2025, inferior al 100 % registrado en 2024. El Banco Central pretende ampliar la base monetaria al 4,8% del PIB para fines de 2026 (desde el 4,2%) específicamente para satisfacer una recuperación esperada en la demanda de moneda local en lugar de financiar el gasto gubernamental.

Pablo Bejar, Global Country Risk Manager del Citi con sede en Baltimore, considera que el éxito del programa monetario argentino estará fuertemente influenciado por la reversión del “apretón monetario” que tuvo lugar previamente a las elecciones de medio término, por lo que resultaría imprescindible, proceder con una flexibilización de encajes. En ese mismo sentido, es que el FMI le está exigiendo al equipo económico argentino que libere capacidad prestable a los bancos. 

En estos días, ha surgido un concepto al que lo denominan “paciencia estratégica”. Este sería el don para poder bajar el ritmo de desinflación en marco de un mayor compás de espera. Mientras tanto el Gobierno logra comprimir la tasa en sus licitaciones en pesos.

David Willard, Private Wealth Advisor de Goldman Sachs-San Francisco-, escruta que Argentina ya ha cambiado de paradigmas y ello ya se percibe concretamente en el saldo de su Balanza Comercial donde el 70 % de su saldo superavitario se explica por exportaciones del sector energético.

Este modelo postindustrial depende al menos transitoriamente de un acompañamiento constante del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. En el mientras tanto, el más inmediato remedio es la acumulación genuina de reservas. En ese orden de conceptos, es clave no perder de vista que el único que realmente está solventando el Activo del BCRA es el FMI con su aporte de USD 14.000 millones en el lanzamiento de su máxima acreencia en abril de 2025. Así es que, de momento, Argentina tiene un duro trabajo por delante para demostrar que es viable para recibir inversiones directas extranjeras de largo plazo. 

 
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