27 de Julio de 2026 - 15:56

Cuál es el verdadero valor del dólar al que se refirió Ravier: equivaldría a un tipo de cambio único y libre

Mientras en Hacienda preparan el comité de bienvenida a la visita de cortesía a la Directora Gerente del FMI, todos carburan la respuesta a la pregunta más importante: Cuánto debería valer el dólar en Argentina.

El reloj corre y las sonrisas protocolares no alcanzan para tapar el sol con las manos. Mientras los pasillos del Palacio de Hacienda huelen a café recién hecho y se lustran los bronces para recibir a la cúpula del FMI, en las mesas de dinero de la City y en los despachos más herméticos del Banco Central la pregunta es una sola, brutal y descarnada: ¿Cuánto tiene que valer el dólar si se libera el cepo mañana y el mercado se lleva puesto el modelo? 

Para responder a la incógnita que desvela a Ravier y al mercado, pasamos la macroeconomía argentina por la licuadora del estrés financiero más extremo. Tomamos la base monetaria ampliada, proyectamos el M2 según las planillas sagradas del Staff Report de la Second Review al Extended Fund Facility (EFF) del FMI, y ejecutamos múltiples simulaciones con un escenario de terror: ¿Qué pasa si el 60% de esos pesos atrapados en el sistema huye despavorido hacia la divisa norteamericana? 

Los números hablan por sí solos. No son opiniones ni deseos políticos; son matemáticas puras bajo fuego de artillería pesada. 

 

STRESS TESTING: EL PRECIO DE LA CORRIDA 


Modelo SVAR (Vectores Autorregresivos Estructurales): 

Ante el shock repentino de la huida del 60% del M2, el exceso de pesos impacta de lleno y sin barreras. El traslado a precios nominales en los primeros períodos escupe un tipo de cambio de:  

$2.450 ARS/USD 


Modelo VECM (Vectores de Corrección de Errores): 

Buscando el nuevo equilibrio macroeconómico de largo plazo tras la destrucción y desmonetización de esa masa de saldos reales, el ajuste necesario exige un dólar en la zona de:  

$2.710 ARS/USD 


Proyecciones Locales (Jordà): 

Asumiendo efectos no lineales y dependencia de estado (el pánico se potencia cuando las reservas netas del BCRA están exiguas), la corrida detona un billete en el pico de sobrerreacción de:  

$3.200 ARS/USD 

 
 

El Balance Crítico y el Salvavidas "Bessent" 

Desde un enfoque de consistencia Stock-Flujo (SFC), cruzamos esa masa de pesos demandante contra las tenencias reales que tiene el BCRA en la trinchera para contener la sangría: divisas líquidas, treasuries y los lingotes de oro. Si la corrida ocurre hoy, computando puramente los activos duros del Central, el precio de equilibrio del dólar salta sin red a $2.980. 

Pero aquí entra la geopolítica y el humo de los despachos: si en el balance se habilita la contabilidad creativa y se computa el salvavidas del Swap de Bessent, esa enorme inyección de liquidez en la arquitectura financiera aplaca el incendio y nos devuelve un tipo de cambio de equilibrio mucho más digerible de $1.850. La pregunta del millón es: a la hora del pánico real, ¿ese swap estará operativo para abastecer a los minoristas e importadores, o será solo un espejismo en la hoja de balance?

 

"Wall Street ya tomó nota de la fragilidad cambiaria. El viernes, lejos del relato oficial, las pantallas del OTC mostraron el verdadero nivel de cobertura."

 

Mientras tanto, los grandes jugadores globales no esperan a que termine la visita del FMI. Este último viernes, en el cierre de la semana financiera, las terminales en el OTC de NYSE y Nasdaq mostraron un apetito feroz. Las operaciones de Non-Delivery Forward (NDF) —los contratos a término entre el peso y el dólar sin entrega física— se pactaron sin anestesia de cara a fin de año. 

Los grandes fondos cerraron posiciones descontando un dólar oficial de $1.960 para diciembre. Es decir, dinero real en Nueva York apostando a una devaluación inevitable por encima del ancla actual, protegiéndose del riesgo de que el 60% del M2 despierte antes de las fiestas. 

La pólvora ya está esparcida sobre los agregados monetarios. Las simulaciones marcan la temperatura crítica. Solo falta ver quién, queriendo o sin querer, enciende el fósforo en la próxima conferencia de prensa.

Por Marco Esdras

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