Consultatio en la mira: a través de las expensas de Nordelta, haría una maniobra similar al escándalo de la familia Coto en la torre Aston Martin de Miami
Con la impronta de Eduardo Constantini, Consultatio es sinónimo de prestigio y seriedad. Sin embargo, algunos vecinos de Nordelta detectaron que esta firma le paga a parte de sus empleados mediante la Asociación Vecinal Nordelta; es decir, a través de las expensas. Una maniobra similar a la del hijo y la esposa del supermercadista Alfredo Coto en un edificio de alta gama de Miami.
Por imagen, vida personal, trayectoria y hasta sector de actividad, Eduardo Constantini y Alfredo Coto son dos empresarios absolutamente diferentes. El septuagenario que volvió a ser padre frente al octogenario ya abuelo; el dueño del prestigioso Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) versus el antiguo “carnicero” a quien llegaron a acusar de abigeato. Las comparaciones podrían seguir, pero algo los iguala: maniobras perpetradas por personas de su confianza que podrían ser ilegales. Además, por cifras insignificantes para lo que facturan, pero con gran posibilidad de daño reputacional.
En el caso de Coto, su esposa Gloria y su hijo Germán fueron denunciados por los propietarios del edificio Aston Martin de Miami, con el supuesto cargo de haber “inflado” los gastos de expensas y efectuar alquileres truchos, que se pagaban a firmas vinculadas a la familia. Según la denuncia, publicadas en el portal especializado The Real Deal (https://therealdeal.com/), la maniobra fue realizada por G&G Business Developments, la firma liderada por Germán Coto y que también integran su hermana Sofía y su madre Gloria García. La misma estuvo a cargo tanto de la administración del edificio como luego de su administración.
De acuerdo a la denuncia, dada a conocer por el periodista Francisco Alvarado, los propietarios reclaman a la familia Coto más de 5 millones de dólares por estafa y desvío de fondos mientras ejercían como titulares de la asociación de condominios. La denuncia apunta a Germán Coto y su madre Gloria; a Marcelo Scarinci, director de proyectos de G&G; a Guillermo Calcagno, un ex directivo de Coto que fue vicepresidente de la asociación de propietarios; y a Leonardo y María Elena Polo que habrían sido las caras visibles de supuestas firmas utilizadas para la estafa.
En el caso de Consultatio, según averiguó Minuto de Cierre, la maniobra sería esta: empleados de la prestigiosa firma, puntualmente los vinculados a servicio de Tecnologías de la Información (TI), le facturan honorarios -de monotributistas o responsables inscriptos- a la Asociación Vecinal Nordelta S.A., cuyo CUIT es 30-70722840-3. Más allá del vínculo laboral disfrazado (trabajan bajo órdenes, como empleados, pero facturan como si fueran profesionales independientes), le facturan a una compañía, que cobran de los miles de vecinos ricos y famosos de Nordelta, lo que debería pagarle su empleador real, que además es una compañía que cotiza en Bolsa.
Fácil de probar, difícil de calcular
Entre los profesionales de Information Technology (IT), la relación de dependencia no es un valor, como tampoco la estabilidad laboral. Siempre hay más demanda que oferta de los mismos, que van buscando nuevas oportunidades. Por ello, a ninguno le preocupa facturar su trabajo, pero algunos consideraron extraño que les pagara Asociación Vecinal Nordelta y no Consultatio. “Me paga Nordelta”, es una frase repetida por muchos de ellos.
Esta modalidad se aplicaría no sólo en los servicios generales de IT y software que demanda Consultatio, sino también el de algunos desarrollos inmobiliarios propios. Por ejemplo, el barrio privado Las Garzas, en Rocha (Uruguay). Como también la Torre Huergo, el “proyecto joven de Consultatio”, ubicado a un paso de Puerto Madero, exactamente en Huergo 475.
La maniobra sería fácil de probar por la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), ya que hoy toda la facturación es electrónica y fácilmente rastreable. Habrá que ver si el mismo organismo que promueve la “inocencia fiscal” (blanquear dólares sin dar ninguna explicación), a la vez que recategoriza compulsivamente a monotributistas (volviéndolos responsables inscriptos a la fuerza), tiene ganas de investigar a una de las desarrolladoras inmobiliarias más grandes del país.
El otro frente que podría abrirse en el “Mundo Constantini” es una supuesta administración fraudulenta. Si bien no figura un ítem específico en las expensas de la Asociación Vecinal Nordelta, alcanzaría con algunos testimonios para entablar una demanda. Los propietarios o inquilinos que pagan expensas en Nordelta, que por supuesto no son baratas (ver el recibo de ejemplo), se cuentan de a miles.

Parece difícil que la maniobra alcance los u$s 5 millones atribuidos a la familia Coto en Miami. Sin embargo, miles de vecinos enojados, bien conectados y con abogados caros, son un problema considerable. Más allá del riesgo reputacional, tras décadas que Eduardo Constantini construyó la imagen propia y de sus empresas.
NOTAS RELACIONADAS
