Rerservas: el Banco Central volvió a comprar dólars y acumula más de USD 700 millones en enero
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) volvió a intervenir con fuerza en el mercado cambiario este lunes y logró sumar USD 21 millones a sus arcas. Este movimiento se inscribe en una estrategia más amplia que viene desplegando desde comienzos de enero y que ya le permitió acumular más de USD 700 millones en lo que va del mes. Para sostener este ritmo de adquisición de divisas, la autoridad monetaria opera tanto en el mercado mayorista tradicional como por fuera de él, recurriendo a mecanismos alternativos cuando lo considera necesario.
En las últimas once jornadas cambiarias, luego de la puesta en marcha de un plan específico orientado a fortalecer las reservas internacionales, el BCRA consiguió comprar un total de USD 708 millones. Este desempeño marca un cambio de tendencia respecto de períodos anteriores, en los que la entidad había enfrentado mayores dificultades para engrosar sus tenencias de moneda extranjera. Como resultado de estas operaciones, las reservas brutas alcanzaron los USD 44.808 millones, lo que representa un incremento diario de USD 201 millones. Se trata del nivel más alto registrado desde el inicio de la gestión de Javier Milei al frente del Poder Ejecutivo.
Este salto en las reservas no solo refleja la capacidad del Banco Central para intervenir activamente en el mercado, sino también una coyuntura en la que la oferta de dólares ha permitido sostener compras significativas sin generar tensiones inmediatas en el tipo de cambio. No obstante, desde la propia entidad reconocen que este proceso no depende únicamente de su accionar, sino también de variables más amplias vinculadas al comportamiento de la economía y de los agentes financieros.
De cara al mediano plazo, las proyecciones oficiales plantean un escenario ambicioso. Según estimaciones del equipo económico, durante 2026 las adquisiciones de divisas por parte del BCRA podrían oscilar entre USD 10.000 millones y USD 17.000 millones. Este rango amplio responde a la incertidumbre sobre la velocidad y profundidad de la remonetización de la economía, es decir, el proceso mediante el cual empresas y particulares vuelven a confiar en la moneda local y reducen su dependencia del dólar.
El presidente del BCRA, Santiago Bausili, fue claro al respecto. En distintas declaraciones públicas, sostuvo que la capacidad de acumulación de reservas no depende únicamente de la voluntad de la entidad, sino de dos factores clave: por un lado, la demanda de dinero en pesos por parte de la economía real y, por el otro, la liquidez disponible en el mercado de cambios. Si la demanda de pesos crece de manera sostenida, el Banco Central podría comprar más dólares sin generar presiones inflacionarias o cambiarias. Sin embargo, si la liquidez se vuelve escasa o la demanda de dólares se acelera, el margen de maniobra se reduce.
En paralelo a estas proyecciones, la autoridad monetaria fijó reglas claras para su intervención en el mercado cambiario con el objetivo de evitar alteraciones bruscas en la dinámica de precios. Uno de los lineamientos centrales es que sus compras diarias no deben superar el 5% del volumen total operado en el mercado de cambios. Este límite busca impedir que el BCRA se convierta en el actor dominante y termine distorsionando las cotizaciones por exceso de intervención.
Sin embargo, en algunas ruedas cambiarias recientes, las adquisiciones del Banco Central superaron ese umbral del 5%. Este hecho llamó la atención de analistas y operadores financieros, ya que sugiere que la entidad no siempre se ciñe estrictamente a las operaciones dentro del mercado formal. En la práctica, cuando las compras superan ese porcentaje, se infiere que el organismo está realizando transacciones por fuera del Mercado Libre de Cambios (MLC).
El propio BCRA explicó que cuenta con la facultad de concretar operaciones en bloque al margen del MLC. Esto implica que puede pactar directamente montos y tipos de cambio con determinadas empresas o instituciones, sin pasar por el mecanismo habitual de oferta y demanda del mercado mayorista. Según la entidad, este tipo de maniobras se utiliza para evitar distorsiones abruptas en el funcionamiento del mercado y garantizar que las intervenciones no generen movimientos bruscos en la cotización del dólar.
Desde una perspectiva técnica, estas operaciones fuera del MLC le permiten al Banco Central comprar grandes volúmenes de divisas sin presionar al alza el tipo de cambio oficial ni alterar las expectativas de los operadores. Al mismo tiempo, le otorgan mayor flexibilidad para negociar condiciones más favorables en determinadas transacciones estratégicas.
No obstante, este esquema también despierta interrogantes entre economistas y especialistas en política monetaria. Algunos advierten que la falta de transparencia total en este tipo de operaciones podría dificultar el seguimiento público de las intervenciones y abrir espacio a cuestionamientos sobre el nivel real de intervención del BCRA en el mercado cambiario.
Más allá de estas discusiones, lo cierto es que la estrategia actual ha permitido recomponer parte de las reservas internacionales, un objetivo prioritario para el Gobierno en el marco de su programa económico. Contar con un mayor stock de dólares resulta clave para afrontar compromisos externos, estabilizar el tipo de cambio y generar confianza entre inversores y organismos internacionales.
En términos macroeconómicos, la acumulación de reservas también se vincula con la necesidad de sostener la estabilidad financiera y evitar crisis de balanza de pagos como las vividas en años anteriores. Un Banco Central con reservas robustas tiene mayor capacidad para intervenir ante eventuales corridas cambiarias o shocks externos.
Sin embargo, el desafío de fondo sigue siendo estructural. Para que la acumulación de reservas sea sostenible en el tiempo, la Argentina necesita aumentar sus exportaciones, atraer inversiones y reducir su dependencia del financiamiento externo. De lo contrario, las compras de dólares podrían depender demasiado de coyunturas favorables o de medidas administrativas temporales.
En este contexto, el desempeño del BCRA en enero marca un punto de partida positivo, pero no garantiza por sí solo la estabilidad cambiaria a largo plazo. La evolución de las reservas en los próximos meses estará atada tanto a la política monetaria como al comportamiento del comercio exterior y de los flujos financieros internacionales.
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