El Gobierno cambia su estrategia legislativa tras la derrota en el Senado: la mesa política será el nuevo filtro
El revés legislativo que sufrió el Gobierno la última semana en el Senado, con una dura derrota alrededor del proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada y otras iniciativas clave, provocó un cambio en la estrategia interna de la administración de Javier Milei.
A partir de ahora, el Poder Ejecutivo decidió que ningún proyecto de ley avance sin pasar previamente por la mesa política. El objetivo es establecer prioridades, evaluar el escenario parlamentario y garantizar los consensos necesarios antes de llevar cada iniciativa al Congreso, en un contexto marcado por la proximidad del año electoral 2027.
La nueva metodología implica un freno a los proyectos que se impulsen sin un respaldo parlamentario suficiente y coloca especialmente bajo análisis la agenda del ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger. La premisa que comenzó a imponerse dentro del oficialismo es clara: se terminaron las aventuras de reformas sin garantía de votos.
La mesa política evaluará los proyectos de Sturzenegger
Como parte de este nuevo esquema, este martes los trece proyectos de desregulación que están bajo la órbita de Sturzenegger serán analizados por la mesa política. El objetivo será definir cuáles reciben luz verde, cuáles quedan en evaluación y cuáles deberán ser postergados.
Entre las iniciativas aparece como prioridad absoluta la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. La Casa Rosada pretende preservar especialmente este proyecto para evitar que vuelva a quedar expuesto a una derrota legislativa como la que sufrió el oficialismo en el Senado.
El espacio de control estará integrado por Karina Milei, Diego Santilli, Ignacio Devitt, Luis Caputo, Eduardo “Lule” Menem, Martín Menem, Santiago Caputo y Patricia Bullrich.
La mesa política tendrá así una doble función: actuar como filtro frente a las iniciativas provenientes de los distintos gabinetes ministeriales y, al mismo tiempo, moderar el impulso reformista del propio presidente Javier Milei.
La estrategia busca poner en equilibrio la decisión política del Gobierno de avanzar con su programa de reformas y la realidad de un Congreso en el que el oficialismo no cuenta con mayoría propia.
El revés en el Senado obligó a revisar el método del Gobierno
La derrota en la Cámara alta dejó una conclusión que excede la pérdida circunstancial de dos capítulos legislativos. Para el oficialismo, el principal problema fue haber llegado a una votación determinante sin contar previamente con los avales y la contención política necesarios.
El debate parlamentario incluyó desde la flexibilización para la venta de tierras a extranjeros hasta normativas relacionadas con campos incendiados. El tratamiento de esas iniciativas expuso las dificultades de coordinación política y legislativa dentro del Gobierno, en un momento en que comienzan a acelerarse los tiempos de cara a 2027.
El escenario también genera preocupación entre analistas económicos y sectores empresarios, que observan no solamente la evolución de las variables macroeconómicas, sino también la capacidad política del Gobierno para ejecutar sus decisiones.
En ese contexto, el ministro de Economía, Luis Caputo, necesita previsibilidad y tranquilidad cambiaria para afrontar los compromisos de deuda y alejar los fantasmas del pasado. Por eso, dentro de la nueva estrategia oficial, el avance de iniciativas desregulatorias sin un cálculo político previo es visto como un factor que puede sumar riesgos innecesarios a la estabilidad general.
Inflación, opinión pública y el desafío electoral de 2027
El cambio de estrategia también está relacionado con la necesidad de adaptar la gestión a los indicadores socioeconómicos y a la evolución de la opinión pública.
El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) proyecta una desaceleración inflacionaria gradual hacia fin de año, con estimaciones en torno al 1,8% mensual para agosto y septiembre. Sin embargo, el reciente repunte del Indice de Precios al Consumidor en la Ciudad de Buenos Aires, que alcanzó el 2,9% en julio, volvió a mostrar la sensibilidad del humor social frente a la evolución del costo de vida y el consumo.
En el terreno político, el oficialismo mantiene una ventaja táctica: la ausencia de una alternativa opositora unificada que presente un programa de gobierno claro. Las disputas internas dentro del peronismo y la discusión en torno a figuras como Cristina Kirchner continúan siendo funcionales a la estrategia de polarización de la Casa Rosada.
Al mismo tiempo, los incidentes registrados en las inmediaciones del Congreso durante la votación volvieron a instalar el debate sobre los límites de la protesta social y la respuesta institucional. Los daños ocasionados en la vía pública fueron estimados en 468 millones de pesos.
Con este nuevo escenario, el Gobierno busca dejar atrás la etapa de la "luna de miel" legislativa y avanzar hacia una etapa de consolidación electoral. Sturzenegger continuará impulsando su agenda de reformas, Santilli tendrá a su cargo la búsqueda de acuerdos y el equipo económico seguirá concentrado en las variables financieras y fiscales.
Pero el nuevo esquema establece una condición previa para las transformaciones estructurales: primero demostrar capacidad de construcción política y contar con los votos necesarios para avanzar en el Congreso.
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