18 de Junio de 2026 - 17:37

La llegada de un magnate tecnológico a la Argentina ante la promesa de una IA desregulada y un posible "experimento social"

Argentina se ha convertido en un destino cada vez más atractivo para algunos de los principales referentes de la tecnología y la inteligencia artificial a nivel global. Uno de los casos más llamativos es el de Peter Thiel, fundador de Palantir, la compañía especializada en análisis de datos, defensa e inteligencia que mantiene vínculos históricos con la CIA y las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.

El empresario, cuya fortuna supera los 23.400 millones de dólares, se instaló temporalmente en Buenos Aires junto a su familia y adquirió una mansión valuada en aproximadamente 12 millones de dólares en Barrio Parque, una de las zonas residenciales más exclusivas de la Ciudad de Buenos Aires.

Su presencia en el país va más allá de una estadía ocasional. Participa en torneos locales de ajedrez —donde incluso obtuvo un tercer puesto—, inscribió a sus hijos en una escuela argentina y mantuvo reuniones con el presidente Javier Milei, integrantes del gabinete nacional, importantes empresarios y también con referentes de la oposición.

“Fue un encuentro entre dos anarcocapitalistas”, dijo Milei tras su encuentro con Thiel hace unas semanas, reflejando la sintonía ideológica entre ambos.

Quién es Peter Thiel y cómo construyó su influencia global

La figura de Thiel genera adhesiones y cuestionamientos en igual medida. Para algunos representa uno de los empresarios más influyentes de la revolución tecnológica; para otros, es un símbolo de la llamada tecnoligarquía, un fenómeno que incluso despierta preocupación en sectores del Vaticano.

Nacido hace 58 años en Fráncfort y criado en California, Thiel obtuvo la ciudadanía neozelandesa en 2011 mediante un proyecto inmobiliario y también intentó acceder a la nacionalidad maltesa.

Su ascenso comenzó en 1998, cuando cofundó Confinity, empresa que posteriormente se fusionó con X.com, creada por Elon Musk. De esa unión nació PayPal, que fue adquirida por eBay en 2002 por unos 1.500 millones de dólares. Como resultado de la operación, Thiel obtuvo alrededor de 55 millones.

Con parte de ese capital lanzó Palantir en 2003. Entre los primeros inversores apareció In-Q-Tel, el fondo de capital de riesgo impulsado por la CIA para financiar tecnologías de interés estratégico para la inteligencia estadounidense. Aunque su inversión fue relativamente reducida —algo más de dos millones de dólares, según las cifras más difundidas—, contribuyó a consolidar la credibilidad de la compañía.

Actualmente, Palantir es una de las empresas tecnológicas más importantes del mundo en materia de defensa, inteligencia y seguridad nacional. Entre sus principales clientes figuran el Ejército de Estados Unidos, el Pentágono y el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), que ha utilizado sus sistemas en investigaciones y operativos migratorios.

Además, la firma mantiene acuerdos con el Ministerio de Defensa de Israel para colaborar en su estrategia militar. Diversos análisis e investigaciones sostienen que sus herramientas habrían tenido relevancia en operaciones desarrolladas en Gaza, Líbano e Irán.

Milei, la desregulación y el atractivo para la industria de la IA

El crecimiento de Palantir convirtió a Thiel en una figura con enorme influencia política y empresarial. Una de sus principales tesis sostiene que la seguridad de Estados Unidos debe depender cada vez más de Silicon Valley y menos de la burocracia tradicional de Washington. En ese marco, promueve una fuerte desregulación de la inteligencia artificial y de las nuevas tecnologías para fortalecer la competencia frente a China y otras potencias.

También fue uno de los primeros referentes tecnológicos en respaldar públicamente al movimiento MAGA y a Donald Trump, en un sector históricamente más cercano al Partido Demócrata. Asimismo, desempeñó un papel central en el impulso político del actual vicepresidente JD Vance.

Sin embargo, observadores políticos consideran que Thiel comparte incluso más afinidades ideológicas con Javier Milei que con Trump. Ambos defienden postulados libertarios en materia económica y promueven una menor intervención estatal.

En ese contexto, el Gobierno argentino impulsa iniciativas que buscan posicionar al país como un destino privilegiado para las grandes inversiones tecnológicas. Entre ellas se destaca el denominado Súper RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones), orientado a captar proyectos superiores a los 1.000 millones de dólares en áreas estratégicas como semiconductores, biotecnología, infraestructura digital, energía, procesamiento de litio y centros de datos.

La administración nacional considera que Argentina posee ventajas competitivas para este tipo de desarrollos, especialmente por las condiciones climáticas del sur del país y la disponibilidad de recursos hídricos necesarios para el funcionamiento de estas infraestructuras.

El régimen contempla beneficios como una alícuota reducida del impuesto a las ganancias del 15%, estabilidad tributaria, cambiaria y aduanera por 30 años, acceso gradual a divisas provenientes de exportaciones y facilidades para importar equipamiento e insumos.

La apuesta oficial quedó reflejada también en una carta publicada por el diario Financial Times bajo el título “Argentina invita a la IA a liberarse a sí misma”. Allí, Milei no solo destacó los incentivos económicos disponibles para las compañías del sector, sino que además prometió evitar regulaciones tempranas sobre el desarrollo de la inteligencia artificial.

En paralelo, el Gobierno impulsa una reforma de la Ley de Sociedades para incorporar nuevas figuras jurídicas vinculadas al ecosistema de IA y blockchain. Entre ellas aparecen las denominadas “sociedades automatizadas” y las organizaciones autónomas descentralizadas (DAO).

Las primeras podrían operar mediante algoritmos o sistemas de inteligencia artificial sin empleados, aunque conservando personalidad jurídica y responsabilidad limitada. Las DAO, por su parte, funcionarían a través de contratos inteligentes registrados en blockchain.

Según Milei, esta innovación legal podría representar un avance comparable al que significó la creación de la responsabilidad limitada por parte de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales en 1602.

Las críticas y el temor a un experimento social

La visión impulsada por el Gobierno y respaldada por figuras como Thiel también genera fuertes cuestionamientos.

La dirigente Elisa Carrió advirtió sobre los riesgos de una alianza entre el mandatario argentino y el empresario estadounidense. La legisladora planteó que el país podría convertirse en un “experimento social” y sostuvo que “El presidente toma a la Argentina como experimento catastrófico para la dignidad humana”.

Asimismo, defendió el papel de las leyes y de la Constitución para garantizar “la libertad auténtica, el libre albedrío, el derecho y la Justicia, sin las cuales no hay sociedades posibles ni pensamiento crítico”.

Las preocupaciones también alcanzan a sectores académicos y analistas políticos que creen que la presencia de Thiel en Argentina podría responder al interés de probar en el país modelos vinculados a la inteligencia artificial y nuevas formas de organización política.

Thiel tampoco es el único referente del sector tecnológico que ha puesto su atención en Argentina. Sam Altman, fundador de OpenAI, la empresa detrás de ChatGPT, afirmó que la compañía planea destinar alrededor de 20.000 millones de dólares al desarrollo de infraestructura en el sur del país. Sin embargo, hasta el momento, esa iniciativa aún no se ha concretado.

Otro de los empresarios que sigue de cerca las oportunidades que ofrece Argentina es Elon Musk, propietario de Tesla y SpaceX. El magnate, que mantiene una relación cercana con Donald Trump pese a su controvertido paso por la actual administración estadounidense, se reunió en varias oportunidades con Javier Milei. Durante uno de esos encuentros, el Presidente argentino le obsequió una motosierra personalizada, emblema de la política de ajuste y reducción del gasto público impulsada por su gestión.

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