El dilema de las empresas textiles ante las pérdidas permanentes: concursar o ir directamente a la quiebra
Las ventas se redujeron más de un cuarto y ni siquiera les conviene importar productos terminados desde China. Durante el gobierno anterior se quejaban de los impuestos y la "mochila" fiscal; ahora pierden plata todos los meses. "El dilema es cuándo entran en concurso preventivo de acreedores, o si directamente van a la quiebra", asegura un especialista del sector.
La industria textil argentina no encuentra un piso, un subsuelo, ni siquiera un inframundo. Casi a diario se conocen despidos, concursos preventivos, cierres o quiebras. "Todos los meses pierden plata. Y como esto ocurre sin interrupción desde que comenzó el gobierno de Javier Milei, ahora analizan si van a concurso preventivo o directamente quiebran", se sincera un especialista en el sector, que hoy tiene más trabajo que nunca con esta problemática. "Se les terminó el canuto y tienen que tomar una decisión, porque no tienen perspectiva de ganar plata", agregó.
Ni siquiera les cierra la importación desde China, a menor costo de lo que significa producir acá. Para ello deben tener como mínimo dos millones de dólares cada mes, cash o en cuenta, y muchos no lo tienen. O ya no quieren seguir gastando un capital que se esfuma por bajas ventas. Según la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), la caída de actividad es de casi 26% interanual a principios de 2026, lo que impacta directamente en una pérdida significativa de empleo.
Desde comienzos de este año, la industria enfrenta cierres de plantas y suspensiones, como el caso de TN & Platex en Tucumán, debido a la caída del consumo interno, aumento de importaciones y falta de financiamiento. Muchos recuerdan que el dueño de esa empresa, Teddy Karagozián, recorría redacciones, radios y canales de televisión quejándose del nivel de impuestos y "la mochila fiscal", un sintagma producto de su escasa creatividad discursiva. "Teddy es el clásico empresario estúpido que se queja cuando le va bien, y no aparece cuando las políticas económicas de un gobierno que le simpatiza ideológicamente lo funden", evalúa un colega muy enojado.
La crisis es tal, que ya la siente también la cadena de pagos. Cheques rechazados, plazos que se estiran y relaciones de décadas que se rompen, ya se volvieron una realidad diaria. Muchos proveedores históricos analizan dejar la actividad y dedicarse a otros sectores.
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