12 de Mayo de 2026 - 17:13

El BNA y la deuda "heredada": ¿remonetización o un salvavidas caro para el Tesoro?

La reciente colocación de Obligaciones Negociables del Banco Nación deja un sabor agridulce en la City. Con tasas que triplican el costo del fondeo minorista y plazos que saltan por encima del actual mandato presidencial, la entidad se embarca en un endeudamiento de USD 1.500 millones cuya utilidad real despierta sospechas: ¿Créditos para la producción o financiamiento indirecto al Tesoro? La comparación con la estrategia de "corto aliento" de Axel Kicillof en el Bapro durante 2025 expone una paradoja de supervivencia política y financiera.

La semana pasada, el Banco Nación (BNA) ejecutó un movimiento que, bajo el barniz de la "remonetización" pregonada por Luis Caputo, esconde aristas técnicas preocupantes. La entidad logró fondearse mediante Obligaciones Negociables (ON) en dólares y UVA, pero el costo y la estructura de estos instrumentos plantean una pregunta incómoda: ¿es este un "buen resultado financiero" o una hipoteca sobre la gestión venidera?

La paradoja de las tasas: Fondeo caro, crédito imposible

El BNA cortó tasa al 5,5% TNA tanto para sus instrumentos en dólares como para los ajustables por UVA (más spread). A primera vista, para un mercado sediento de activos argentinos, parece un éxito. Sin embargo, el diablo está en el spread:

Arbitraje negativo: Mientras el banco paga apenas entre un 2% y 2,75% TEA por plazos fijos en dólares a sus ahorristas, decide salir al mercado de capitales a convalidar el doble de esa tasa.

La inviabilidad del préstamo: Si el costo de fondeo es del 5,5%, y sumamos encajes, costos de estructura, seguros e incobrabilidad, la tasa activa para el sector privado debería superar holgadamente el 8% o 9% en dólares. ¿Qué sector de la economía real —fuera del agro exportador de elite o la energía— puede digerir semejante costo financiero en moneda dura?

El techo del UVA: En los créditos hipotecarios, el BNA presta a UVA + 6%. Si ahora se fondea a UVA + 5,5%, el margen de intermediación es prácticamente nulo (0,5%). La rentabilidad del banco más grande del país queda, así, reducida a un ejercicio de voluntarismo contable.

El riesgo del "Represte" al Tesoro

La meta de alcanzar los USD 1.500 millones en emisiones no parece responder a una demanda genuina de crédito productivo, el cual sigue planchado por la recesión y la incertidumbre cambiaria. El temor en los pasillos de la City es que el BNA esté actuando como un "puente" para absorber liquidez que luego termine, por vías directas o indirectas (como la compra de bonos soberanos), financiando el déficit o las necesidades de caja del Tesoro Nacional. Si esto ocurre, la "remonetización" no sería más que un crowding out disfrazado: el Estado aspirando los pocos dólares que quedan en el sistema.

La paradoja BNA 2029 vs. Bapro 2025

Aquí es donde la política mete la cola en la planilla de Excel. La comparación con la gestión de Axel Kicillof en el Banco Provincia durante finales de 2025 resulta ilustrativa del cinismo financiero:

Atributo  BNA (Gestión Milei/Caputo)  Bapro (Gestión Kicillof 2025)
Plazo de vencimiento Mayo 2029 (Post-mandato actual) 1 año (Dentro del mandato actual)
Responsabilidad La paga el que gane en 2027 La pagó (o refinanció) el propio emisor
Estrategia Patear el vencimiento al próximo ciclo Fondeo de corto plazo para "pasar el invierno"

La ironía es absoluta. Si Axel Kicillof lograra sus ambiciones presidenciales en 2027, se encontraría con la curiosa tarea de tener que pagar, desde el Sillón de Rivadavia, las ON que Caputo mandó a emitir hoy para "maquillar" las reservas y la liquidez del Nación. Mientras Kicillof en 2025 se ató a sus propios vencimientos (asumiendo el riesgo de su propia gestión), el actual Gobierno Central utiliza al BNA para emitir deuda que, por calendario, es estrictamente problema del que sigue.

Conclusión

¿Buen resultado financiero? Solo si se mide por la capacidad de colocar papel. Si se mide por la eficiencia del costo de fondeo frente al minorista, o por la capacidad de volcar esos fondos a una tasa competitiva para la industria, el BNA ha fallado. Lo que hoy se celebra como "remonetización" tiene un olor rancio a deuda política: cara, lejana en sus vencimientos y con un destino que, sospechosamente, parece conducir siempre a la ventanilla de Luis Caputo en el Palacio de Hacienda.

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